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martes, 22 de marzo de 2022

Snob

 

Cartagena de Indias    Foto: www.denomades.com


El cielo estaba plagado de medusas iridiscentes. Latían con pulso incierto mientras la tarde hacía su debut.

Pilar Antonia se refregó los ojos con los puños de las manos. No había terminado de hacerlo, cuando empezó a lamentarlo. La

luz inclemente del sol lastimó su dolor salino y el vaho del protector solar agudizó su pesar.

Cada julio de los últimos diez años había venido religiosamente a veranear a Cartagena de Indias, con la vaga esperanza de toparse en una calle o un restaurante con el vate Gabriel García Márquez. No por fervor literario, pues a ella eso de leer libros gordos no se le daba con agrado. Sino porque le encantaba poder contar a sus amigas del campeonato de bridge que ella veraneaba “exactamente en el mismo lugar” que el exponente máximo del realismo mágico que ellas sí habían leído in extenso.

A modo de consuelo, repasadas tantas veces las veredas en torno a la casa de altos murallones del creador de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán; y frustradas sus ilusiones en cada uno de los periplos, Pilar Antonia, emprendía el camino que bordea los murallones de la ciudad vieja hasta llegar a los locales de joyas y artesanía de los cartageneros. Con tantos intentos ahogados en piedras preciosas, ya ni llevaba la cuenta de la cantidad de anillos de esmeraldas que atiborraban su joyero. Una vez concluidas las vacaciones, de vuelta en su casa del barrio Miraflores, lo abría y un resplandor verdosillo la transportaba a las playas de Cartagena. Elegía alguno con una gema grande, oscura y luminosa, para lucir mientras tomaba un aperitivo en el club de golf o cuando barajaba los naipes para jugar.

Las esmeraldas resaltaban sobre su piel tostada en el Caribe y era completamente feliz al contestar, como si nada: -“Por supuesto, linda, este año nuevamente estuve allí, exactamente en el mismo lugar que él”.

 

 (Cartagena de Indias, Colombia)

De libro "Luna de Burdel"

viernes, 18 de marzo de 2022

No hay memoria

Los viejos amores

han caído en un pozo oscuro

de deseos muertos

No hay memoria

No hay resurrección


Los rostros del pasado

se fundieron en piedras centenarias

cuaternarias

de desierto latinoamericano

No hay deseo

No hay dolor


La libido ancestral

se ha vuelto insaciable

luminosa

dueña de días breves

No hay pudor

No hay secretos


Los amores nuevos

beben la melancolía vertiginosa

de un pasado amenazante

No hay certezas

No existe el tiempo