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sábado, 16 de junio de 2018

Conversación en Momento Ovallino

"El sueño de la leona", mi novela ganadora de un Fondart 2017 y publicada en febrero de 2018, me ha dado muchas satisfacciones. Una de ella es esta entrevista que revela mucho sobre mi carácter de escritora.
https://web.facebook.com/momentoovallino/videos/1677893198914723/UzpfSTExNjM4MzczMTg6MTAyMTU3Nzk4MjAwMjYxNTk/



martes, 3 de enero de 2017

Lugareño

Budapest - Hungría



Soy un chofer y nada más.

No sé de donde apareció ella. Venía de muy lejos, de un país que no recuerdo bien. Si no me equivoco era de la costa del Caribe, en centroamérica. Primero me gustó su sonrisa. Después sus ojos negros. Misteriosos y desafiantes detrás de las gafas de sol. Eran ojos gitanos. Como los míos. Ojos húngaros de magiar.

-Escuchar las danzas húngaras de Brahms  aquí es redundante.

Su voz ronca me gustó pese a su mal inglés y al modo en que pronunciaba los nombres de las calles en húngaro. Sus labios gruesos y sus dientes blanquísimos eran perfectos, ¡no podían sino gustarme!

-Es redundante si usted lo dice-, le respondí.

No era de esas mujeres con las que uno quiere discutir, así que cambié el dial de la radio del auto hasta encontrar algo de música local. Me gustó también su sonrisa a través del espejo retrovisor. Su rostro se iluminó complacido.

La llevé al Palacio de Buda en lo alto de la colina y tomé las fotografías que me pidió de ella con el Parlamento de fondo más allá del Danubio, y también frente a la Catedral de San Esteban, y me gustó su piel azabache matizada por la luz del mediodía.

Cuando caminó hacia la entrada del hotel, me gustaron sus piernas, sus sandalias, los dedos de sus dos pies, sus tobillos, sus rodillas y el ritmo de sus pasos.

Desde mi taxi la contemplé abrazarlo y colgarse de su cuello antes de besarlo. Me gustó su aliento que no me rozaría jamás, su saliva que no habré de beber y su tibieza, que sólo pude presentir.

Nunca más la vi. Su alma también era zíngara. Yo seguí viviendo en Budapest. Continué trabajando de chofer, paseando a extranjeros en mi ciudad.

(Budapest, Hungría)


domingo, 21 de agosto de 2016

Horrísono



"Sobrivivir", obra de la artista Julie García inspirada en el cuento "Horrísono"

Si puedes estar lejos, muy lejos, y no ver a la persona que amas durante mucho tiempo, por ejemplo seis semanas, llegas pronto a la conclusión que, de la misma manera, podrías no ver nunca más a esa persona y sobrevivir.

Sobrevivir, como has sobrevivido tantos años. Quizás serías menos feliz, pero se puede vivir sin ser demasiado feliz. Sobre todo si eres capaz de disfrutar de cosas que a otros casi ni importan.

Más aún considerando que el hombre con el que soñaste,no siempre es el hombre que realmente necesitas.

El tiempo y la distancia labran rutas ignotas en el corazón. Como pequeños parásitos que roen las emociones, carcomiendo el pensamiento y la esperanza.

Y aunque no podías desentenderte del frío, contemplaste los esfuerzos de la primavera por hinchar las yemas de las hojas de los árboles y percibiste en tu alma una brizna de alegría.

(De "Cinica", obra de Ana V. Durruty)

domingo, 17 de julio de 2016

Crossroad


Nada es como ayer. En el futuro, nada será como hoy. Cruzó la calle sin saludar a nadie, extraña en su propio país. Compró azúcar morena en el almacén de la esquina y continuó caminando como si todo siguiera igual.

"Crossroad" de la serie "Filtros". Ana V. Durruty
A veces la vida es un cruce de caminos y, a continuación, cada cual sigue su ruta. Calama es un pueblo minero, con su carga de soledad y erotismo, y al caminar por las calles polvorientas, algo irreal parece hacer temblar el aire caliente del desierto. La piel morena de los transeúntes locales, provenientes de Bolivia o el extremo norte de Chile, contrasta con el rubicundo matiz de la tez de los extranjeros, turistas y empleados de las mineras que vienen del otro lado del mundo.

El sonido del llamado del teléfono celular sacó a la joven mujer rubia de su ensimismamiento y el tiempo se detiene por varios minutos.


Ya había pasado el interfaz del día a la noche, con calma y rapidez al mismo tiempo. En las alturas cordilleranas de Los Andes minerales, el frío araña como un gato mojado, y respirar se torna repentinamente un acto consciente y desagradable. Algo salobre y seco parece recorrer los pensamientos. Eso maligno y antinatural que inquieta al animal que cada hombre lleva adentro.

Veinticuatro horas más tarde, el teléfono volvió a sonar. La mujer leyó la pantalla digital y presionó la tecla roja que impedía la comunicación. No era el momento adecuado para escuchar esa voz a mil quinientos kilómetros de distancia. Ni siquiera sabía si algún día sería apropiado responder a esa llamada. Compró té negro en el almacén de la esquina y caminó con parsimonia los pasos que le faltaban para llegar a la pensión, esquivando con cuidado las líneas que dividían los paños de cemento de la acera.

Ni un árbol, ni una sombra, ni una sonrisa. Vivir en el desierto es un riesgo constante, y el peligro mayor es esa certeza diaria de que no hay nada entre el Cielo y la Tierra que proteja de las verdades individuales. En la soledad, el alma queda expuesta a su propio reflejo en la inmensidad de la nada.

Tres meses después, noventa llamadas de teléfono celular sin contestar acompañaban a la mujer esa tarde de diciembre, mientras caminaba por la losa del aeropuerto de la capital del cobre mundial. Miró hacia adelante, y sus ojos amarillos brillaron como la luz de la arena que se perdía en el desierto más árido del planeta. No había caminos en el horizonte, sólo la pista de aterrizaje y después, el infinito azul.

(Del libro "Cínica", obra de Ana V. Durruty

sábado, 2 de julio de 2016

5 000 Visitas



Para celebrar y agradecer las más de cinco mil visitas al blog en tres semanas desde que fue creado, he recogido algunos comentarios de personas que no pudieron hacerlos directamente en www.anadurruty.blogspot.com pero que sí me los enviaron a través de Facebook o Twitter. No están todos, pues no siempre alcanzo a registrar; pero son una buena muestra de la recepción de los cuentos y poemas que he publicado. Siendo escritora, es difícil reconocer que no hay muchas palabras que me permitan explicar cuánto me reconforta que me hagan llegar las impresiones que les genera lo que escribo, pues si algún sentido tiene el arte es ese: provocar emociones en quienes entran en contacto con él, y para una artista esa es la mayor recompensa.

“Qué buen blog, lo revisé y me encanta…. Mucho éxito”. (Jean Luis Dufourcq del Canto, en Facebook, 22 de junio de 2016)

“Me gusta tu blog, te robé algo para publicar en Facebook ya que me gustaron tus escritos. Debes seguir así, se nota que eres mujer de talento (…) Nunca copies, crea”. (@@moska43RG, Rafael Glez.Mosquera en Twitter)

 “¡Mucho éxito en tus proyectos! Tienes una visión muy particular”. (@cwbarraza, Cristián Barraza en Twitter)

“Simplemente hermoso, pero igual me dio penita como en el otro cuento. Felicitaciones… Por al leer sentir lo que quiere mostrar”. ( Nevenka Teresa Godoy Rivera, en Facebook)

“Está muy padre”. (@ardzelllCesar, César Guzmán, en Twitter)

“¡Te felicito por tu éxito entre los aficionados a la buena lectura a nivel internacional! ¡Eres nuestra escritora chilena de los tiempos modernos”. (Marcelo H. Cornejo Salas en Facebook)

“Belli! Anche se non sono il mio genere, mi piaccono molto, sopratttutto “La mujer del sombrero negro” E’ vagamente nostálgico a votre crudo e cinico, ma comunque coinvolgente. La scrittura e scorrevole e piacevole.(…) Complimenti! (@helmvergara1, Helen Vergara, en Twitter)

 “Es una hermosa narrativa, en simples estrofas haces imaginar tan nítidamente a los personajes de este cuento. Sinceramente tienes un increíble talento de transportar al lector dentro del cuento mismo. Te felicito, eres una increíble escritora”. (Palominos Leonard, en Facebook)

“¡Me encantó tu blog, voy a regresar de nuevo a leerlo!” (@TATU_TATA_TATU, Tatiana Rojas, en Twitter)

“Tienes la capacidad de hacer que el lector entre en el relato, para mi en especial en este último (Flor muda), ya que esos atardeceres rosados de nuestro Norte Chico me encantan”. (Sofía Corral en Facebook)

 “Durruty Al extremo, pero con la justa conexión entre poesía y cuento. En verdad muy bueno, te felicito. Muchas palabras tocaron mi alma. Gracias”. (@GabyChavero2, Gaby Chavero en Twitter)

“Como todos los cuentos de “Cínica”, tan actuales, súper bien escritos, que uno se va rápidamente haciendo parte…” (Sandra Castillo en Facebook)

“Me gustó”, (Sergio Martín Cordero, en Facebook). “Me gusta”, (@viviriosruiz en Twitter). "¡Felicitaciones!", (El_Archiduque Christián Salazar en Twitter)

“Me encanta tu poesía, Ana talentosa eres”. @magnifico_el el magnifico lord en Twitter)

“Es el relato de caminos adquiridos… seguiré leyendo”. (@uf80 en Twitter)

“Bonito blog… sombrero negro… una ruleta de amor… ¿acaso un final malo por ser negro? (@kmiguelm, Miguel M en Twitter)

 “Encuentro bueno tu trabajo, siempre se puede mejorar, sigue adelante”. (@llanero4462 Llanero solitario en Twitter)

“Escribes como piensas sobre la marcha, saliendo reflexiones muy interesantes. Gracias por escribir así tal cual”, (@SmMonterd Santiago en Twitter)

Y para terminar, uno de los primeros comentarios que recibí, pero que apunta a las motivaciones para haber hecho este blog.

Leí la introducción de tu blog (…), entiendo la razón de la aceptación, ya que la redacción es sencilla y emotiva. En este nuevo emprendimiento no me resta más que desearte éxitos, ya que un individuo que está logrando su sueño no lo concibo más feliz, sigue adelante”. (@MaMaCaty3, Catita en Twitter)


Nuevamente, muchas gracias a todos, ojalá los próximos comentarios se animen a hacerlos en el blog mismo y ¡seguimos en contacto! 

lunes, 27 de junio de 2016

Terciopelo negro

Despertó de la siesta y se quedó reposando entre los almohadones y el aroma a “Shalimar” de Guerlain. Permitió a sus dedos jugar un rato a ensortijar el cabello negro y sedoso que se desparramaba abundante sobre el lino. Los vestidos colgados en la perchas de madera del vestidor del hotel calzaban perfecto a un cuerpo bien tratado por los años. El suyo. Patricia administraba la tranquilidad de saber que cada uno de ellos estaba hecho a medida. La suya. Y que con los accesorios adecuados se vería radiante. La mujer perfecta, en el lugar ideal.

"Shalimar". Fotografía de Ana V. Durruty
Pero, entresueños, las imágenes lejanas llegaban en oleadas calmas, al ritmo del sonido del mar que removía extrañamente inquieto la arena de la tan mentada Costa Azul. En realidad, por la altura del Torre Odeón, no debería escuchar el ruido aquel que más se parecía al murmullo nervioso del Océano Pacífico frente al casino de Coquimbo. Fue allí, en el Sur del Mundo, una noche casi de madrugada cuando al salir después de haber perdido unos pocos pesos, se encontró de sopetón con Anwar Al Kaddim. La cosa más extraña del mundo, como si un universo paralelo hubiera atravesado el suyo de café de pueblo con amigas, juegos de cartas de domingo con la ex suegra, trabajo de rutina en una oficina del servicio público y pijama de plush holgado con dibujos de cartoons infantiles.

Una década más tarde el velo de las horas y los días ha cubierto ese pasado y lo ha tornado ajeno, lejano y extraño. Una película de otra vida. De la vida feliz de una mujer que Patricia ya no reconoce.

¡Quién te vio y quién te ve!

Miró hacia atrás, y alcanzó a vislumbrar un poco más allá del horizonte de sus hombros desnudos, el perfil del Bentley negro estacionado con las llaves puestas en la tradicional plaza de Mónaco. Sonrió sin que sus labios alcanzaran a reflejar el gesto y giró suavemente para que el marroquí que la esperaba en las primeras gradas del acceso del casino de Monte Carlo tuviera tiempo para contemplar su belleza latina de mujer bordeando los cuarenta años. Sin afectación, pero sin tregua, estiró su cuello y las luces del atardecer se reflejaron golosas en los largos aros de perlas y brillantes. Luego, avanzó hacia Anwar con el donaire de una princesa renacentista. Sin pasado. Sin futuro. Inmortalizada en un momento perfecto.


(De "Cínica". autora: Ana V. Durruty)