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viernes, 12 de abril de 2024

Literatura Mineral




Metafóricamente es posible encontrar un vínculo entre la literatura y la minería. Porque la obra escrita digna de ser denominada “literatura” debe tener raíces en el terreno profundo de la imaginación humana, antes de ser descubierta o revelada y obtener el reconocimiento de su valía.


El creador literario, tiene que tomar pluma y papel, para verter su obra, pero antes podríamos decir que debe cavar y escarbar, con el cincel  de la agudeza, hasta llegar a la veta lírica de los contenidos ricos en creatividad. Luego debe “acarrear” estos tesoros hasta la boca del pique, antes de procesarla para que alcance la mayor pureza posible, que la haga valiosa a los ojos del mundo.


Allí la obra, como el mineral, siguen su ruta propia, lejos de las manos que la liberaron de su cárcel de oscuridades y olvidos.


Sin embargo, existen otras poderosas conexiones entre la literatura y la minería. Ha habido, y los hay, mineros escritores.

 

“Sewell”, la obra del escritor Baltazar Castro retrata la vida que él mismo experimentó en esa mina de cobre de la División El Teniente en la zona central.


En Chile, país de minas y mineros, el padre del realismo en la literatura nacional, Baldomero Lillo, creó una obra esencial basada en las condiciones de la minería del carbón en el sur del país durante el siglo XIX. “Sub Terra”, se convirtió en una película premiada a comienzos del siglo XXI: una muestra más de la trascendencia de este libro.


En el siglo pasado la explotación del cobre dio origen a obras como “Cobre” de Gonzalo Drago, y “Norte Grande” de Andrés Sabella. Otros autores han seguido sus pasos, siguiendo el triste destino de las oficinas salitreras abandonadas.


En la poesía chilena, los dos Premio Nobel, Pablo Neruda y Gabriela Mistral, dedican versos relevantes. El primero en su magna obra “Canto General”.


Como la realidad tiene reglas con raíces en la lírica del Universo, Codelco, la Compañía Chilena del Cobre, bautizó como “Gabriela Mistral” a la mina a rajo abierto ubicada en Sierra Gorda, región de Antofagasta, para honrar a la poetiza, donde siguiendo la huella de la escritora:


“Están redimiendo el cobre

con las virtudes del fuego.

De allí va a salir hermoso

como nunca se lo vieron

las piedras que eran sus madres

y el que lo befó por necio”


Oxford, marzo 2024

lunes, 26 de septiembre de 2022

Conexión Ancestral


"'¡Qué hermosura! ¡Qué armonía!' sentía que gritaba su espíritu liberado por las fuerzas de la naturaleza, aunque estuviera presa momentáneamente en esa habitación junto a él. Supo que lo cerros se regocijaban de la humedad, los bulbos iban a florecer apenas unos meses más tarde, que este año los quiscos brotarían en carnosas flores rojas y blancas y los chaguales amarillarían, en una fiesta de la primavera, aromática y bullente de insectos polarizadores, velludos y adormilados por el calor".

Esta escena transcurre en Combarbalá, una ciudad cordillerana y mineral del norte de Chile. Es la voz de Dominga del Rosario, undécima de las doce mujeres protagonistas de la saga femenina de la novela "El sueño de la leona".
 

martes, 13 de septiembre de 2022

Raíces de mi escritura





 "La niebla del norte me salió a recibir cuando enfrenté la entrada a la desembocadura del río Limarí desde la costa, entre el bosque de Fray Jorge y las alturas de Talinay. Me sumergí en ella en mi enorme zancudo de fierro, zumbando como loco y con visibilidad cercana a cero. Faltaban unas pocas millas para aterrizar en la hacienda y allá arriba el Sol se burlaba de mis esfuerzos por sobrevolar la húmeda camanchaca que me envolvía. El sonido de los motores era aún más solitario en ese mar blanco y blando en que flotaba transportado por la incerteza".

(De "Piloto", cuento del libro "Luna de Burdel")


Mi padre tenía una imaginación fértil y un profundo amor por las tradiciones de mi país.

Heredé ambas características de él, y ambas son parte de mi proceso literario y de mis libros. “El sueño de la leona” tiene profundas raíces en mi zona natal en el Norte de Chile.

Asimismo parte importante de mis otras obras literarias, novelas y cuentos, tienen ecos y reflejos de ese Norte de Chile en que nací y crecí. Es una fuente permanente de inspiración. Esa resonancia muchas veces se mezcla con mis experiencias en otros países y, entonces, mis textos se vuelven eclécticos bajo la influencia de la magia de la reverberancia de la luz del semidesierto chileno.

Al celebrarse la Fiesta de la Independencia de Chile, he querido hacer un homenaje a mis raíces, que tanta influencia toienen en mi literatura.

En la foto superior mi padre, Fernando Durruty Alfonso. Abajo, yo al igual que mi padre, luciendo el sombrero de “huaso” o “huasa”, parte del traje típico nacional de Chile.










viernes, 31 de julio de 2020

Luna de Burdel



Foto: Ana V. Durruty

Buscaba en el prostíbulo de Vallenar a un delincuente que huía de la justicia.

El ambiente era hogareño, como una chirimoya madura forrada en papel de diario. Pero no olía tan bien. Olía de mil demonios y cuando le trajeron el vaso de vidrio tallado con poche, el deseo de beber no andaba nada cerca de sus deseos.

La vieja lo observaba fijamente.

-Es la Estrella. Fue la más linda de este lugar-, comentó la chiquilla que estaba sentada en su mesa.
A la Estrella del “Paraíso” los dientes se le habían ido cayendo uno por uno, como una plaga egipcia devastadora.

-Su nombre de verdad es Aldonza, por algo de un viejo loco que le gustaba a su papá. Pero más loco estaba el papá, la verdad.

La putita lo mira con un poco de deseo y otro tanto de desconfianza y sigue hablando como si le pagaran por ello. No dice nada que le sirva para su investigación, igual que todas las que interrogó antes.

-Dicen que era un español que llegó de Andalucía en busca de fortuna, y se terminó casando con la hija de un hacendado del valle, pero la mujer era frígida. Así que cuentan que buscó consuelo con una inquilina del campo. Cuando la Estrella nació, la mandó a criar en la ciudad con unos amigos que había hecho en sus noches de alboroto. Cuando ya estaba viejo vino a ver a su hija al Paraíso, pero ella no quiso verlo. Tampoco lo dejo conocer a su nieto. El único hijo que tuvo la Estrella se fue pa´l sur y parece que estudió en la universidad, gracias al trabajo de su madre. Aunque yo no creo esas historias, porque no conocí al viejo y nunca he visto al hijo.

El aire espeso por el humo de los cigarrillos mezclado con la humedad que brota de los cuerpos agitados, las luces opacas y las mujeres bailando provocativas al ritmo de la música de cumbias, lo empujan a abandonar el Paraíso.

Al salir, ya avanzada la tarde, el viento del desierto hace bailar la arena como un encaje de tul sobre sus cansados pies. El frío de cielo despejado lo obliga a arrugar el ceño y subirse el cuello del gamulán. Debe volver a la comisaría a hacer el informe sobre el fugitivo que no aparece, pero antes detiene el vehículo policial en un boliche que vende hot-dogs junto a la carretera.

(Vallenar, Chile)