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domingo, 5 de noviembre de 2023

Rebecca‘s Story


Oxford

He felt her foot in his back. First he thought she was being naugthy, but then she started to hit him so hard. Too hard.

—Stop, Rebeca, please —said Duncan.

After a long second of silence, she stopped moving.

—I am not Rebecca —she said.

He hears her steps slowly going downstairs.

The mirror reflects his tired blue eyes. He can’t remember what exactly happened the night before, but it wasn’t something good.

He walks to the window and looks outside and feels the silence and solitude.

The autumn morning is waking up and he is alone in the house. She is not here. But, who is she, if she wasn’t Rebecca…?

He turns to the small toilette, and he discovers other man in the mirror. Who is he?… he has brown eyes. He is not himself.

“This nightmare is too long” , —thought Duncan, still in front of the mirror.

The man with the brown eyes is looking at him. Because it is not a nightmare. It is his alter ego. The bad one. The ugly and disgusting man who visits him time to time.

Duncan listens to Rebeca’s steps at the entrance, and breathes deeply.

—Say what you want, but don’t say “thank you” —Duncan hears Rebecca’s voice in his back.

—I wasn’t thinking to do that —answered the man.

The woman didn’t say a single word, but she thought: “What was he thinking, then?”.

Duncan mind went to another place, the place of the sins, the mysteries and the secrets.

Duncan saw the deception in her face. He felt miserable, but it was too late.

The sound of the door let him know that from that moment, he was alone with his fears and, worst, with the other man.


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Este cuento está dedicado a la profesora y escritora premiada, Rebecca Abrams, con quien tomé el curso “The drafts of story-telling“, en octubre de 2023 en la Universidad de Oxford, Inglaterra.



jueves, 3 de agosto de 2023

Sobre mis Relatos Breves




       PRESENTACIÓN"ANTIPÓDICA"

      Rogelio Sánchez Molero

       CÁMARA HISPANO CHILENA 

        AULA “MANUEL ARRIBAS REDONDO”


                         30 de junio de 2023


APRENDÍ A LEER. ENTONCES COMPRENDÍ QUE EL MUNDO NO TIENE FRONTERAS NI SECRETOS PARA (Idea, sin pulir para empezar una gran novela).


Aunque luego tuve que soportar la reprimenda de Alejandro Jodorowsky cuando dice que “la palabra que describe el mundo no es el mundo”.


Ana Victoria Durruty nos convoca hoy, en esta Cámara Hispano-Chilena, para presentar en “Antipódica”, una puerta abierta al mundo desde su mundo. Una mirada con los ojos de esta chilena, desde los días oscuros de la pandemia y el confinamiento. Una colección de relatos, cuentos o reflexiones breves.


Lo primero que me llamó la atención del libro fue, precisamente, su título: ANTIPÓDICA.


Bien podría sonar, en estos tiempos de Google, de redes sociales y de relaciones virtuales, a una pócima secreta; o a una secta aún más secreta. Pero no. Esta colección de relatos. Esta gavilla de vivencias. Este manojo de cuentos, se agrupan bajo un enigmático título ofrecido por una palabra que nuestro diccionario desterró de sus páginas pero que las ocupaba hasta no hace mucho.

El Diccionario histórico de la lengua española (1960-1996), definía

Antipódica: perteneciente o relativo a los antípodas o a las antípodas.


Y de esto trata la obra de Ana Durruty. De enseñarnos el mundo visto desde el punto de vista de una mujer nacida y criada en Ovalle, en la provincia del Limarí, en Chile, a más de 10.500 kilómetros de distancia. Por eso, comenzaba yo diciéndoles que leer me ha borrado las fronteras del mundo. Me ha mostrados sutilmente las tierras chilenas. Casi en nuestros antípodas, geográficamente hablando.


Pero esto es solo nominalmente. Porque después de leer Antipódica, uno siente, ustedes lo sentirán, que lo que allí está escrito no dejan de ser vivencias, sentimientos, percepciones que todos hemos tenido en estos recientes tiempos pasados de la pandemia. No se coloca Durruty en las antípodas de nuestra manera de vivir o de sentir, a pesar de la inicial distancia espacial.


Y enlaza esta aparente distancia geográfica, con una idea que tuvo su predicamento hacia mediados del siglo XX: Chile, recogida tras la sombra imponente de los Andes, no desarrolló una Literatura con carácter propio, autóctono. Antes bien, dejaba traslucir influencias de los autores europeos. A pesar de su “aislamiento” geográfico siempre estuvo en contacto con las corrientes cosmopolitas del arte. Mantenía esto el escritor y periodista chileno Armando Donoso, allá por 1943. Y lo hacía partiendo de una aseveración que, quizá todos, podemos suscribir: La cultura no se improvisa. Es fruto de la observación, de la adaptación, de las vivencias y de haber bebido en muchas, muchas fuentes.


Pero eso, afortunadamente, ha cambiado en los últimos 80 años. Chile ha manifestado en estos tiempos una madurez que permite hablar de Literatura Chilena, con nombre propio y con propio estilo.


¿Quién no conoce la obra Jorge Edwards, José Donoso, Alejandro Bolaño o Isabel Allende? Y, sobre todo en Poesía, ¿quién no ha leído los versos de Nicanor Parra y los de sus dos premios Nobel: Gabriela Mistral y Pablo Neruda?


Chile tiene ya su Literatura. Esa a la que pertenece Ana Durruty y su “Antipódica”.


Les decía que no sabría decir, o me daría igual decir, si son relatos o cuentos los que nos ofrece la obra. Observarán que uso los vocablos “cuento” o “relato” de forma indistinta. Y lo hago conscientemente. Porque creo que ya ha llegado el momento de superar el debate acerca de lo que sean uno u otro. Porque si nos encorsetamos en categorías, en definiciones, en pesos y medidas, acabaremos ahogados y sin saber qué decir.


“Antipódica” es un claro ejemplo de lo que quiero decir.


Se trata, más allá de discusiones teóricas o académicas, de poner la pluma a merced de la imaginación. Urdir historias de tal manera que uno no sepa hasta dónde llega lo real y dónde empieza lo fabulado. Que todo lo escrito forme parte del arte de narrar.


Ana Durruty continua en su “Antipódica” la tradición de grandes narradores. Recoge los cabos y despliega velas para navegar los mares que han surcado tanto autores del lado de acá: Ana María Matute o Ignacio Aldecoa; como de sus antecesores en Chile: Baldomero Lillo, Eduardo Barrios o Marta Brunet.


En unas pocas líneas Ana Durruty consigue captar y mantener nuestra atención. Lo cual es una ventaja en este tiempo que vivimos: tiempo de prisas y breves pausas, donde los mensajes cortos nos inundan; donde cientos de impulsos nos distraen. En este tiempo en que leer una novela de hondura puede suponer una auténtica gesta, estas pequeñas historias son como pequeñas islas literarias, que nos atraen por su belleza sencilla. Permítanme, a modo de ejemplo, que les lea el titulado “Plenilunio”:


En el amplio arco del cielo el Sol regala sus últimos destellos mientras detrás de las montañas lejanas asoma un delgado arco albo que anuncia plenilunio. Toda la escena parece cliché menos el dolor que atraviesa la mirada de la mujer sentada en la terraza. Una ráfaga de aire salobre acompaña al olor de las rosas que Victoria trajo cuando plantaron la viña con la ilusión de disfrutar sus mostos juntos en la vejez.


A través de los lugares y personajes que aparecen en sus cuentos, Ana Durruty va dejando muestras de esto que les vengo diciendo. Porque en “Antipódica” podremos hallar vocablos casi olvidados de nuestro rico idioma como topiaria (el arte de podar árboles y jardines de forma artística); o americanismos que para los peninsulares sonarán extraños como bajativo (que es esa copa de licor que se toma después de las comidas) o remezón (terremoto ligero o sacudimiento breve de la tierra).


Pero encontraremos también frases que nos harán pensar; o citas casi lapidarias, al menos para quienes nos ocupamos en este oficio de la Literatura:


  • “Un escritor no puede temer a los signos de puntuación”. Pero en el cuento “Comas asesinas”, Gabriel Anss, acabó angustiándose frente a sus propios escritos: las comas son mortales…
  • “Pintar y escribir no son lo mismo pero tienen la misma raíz de la locura”, escribe Ana Victoria en “Yo, Claudia”.
  • O la reflexión de quien ha viajado por el mundo y acaba concluyendo que: “Ya nadie me conoce en ninguna parte”, en el relato “Desconocida”.

Los cuentos que nos propone Ana Victoria son un reflejo de la vida misma, sobre todo, en esos momentos de pandemia, tan crueles, tan angustiosos para muchos. Pues, lo que no sirve para un cuento, no nos sirve para la vida. Los temas que trata son la vida misma.


Así, leyendo el relato “El coro de las almas” se nos encoge el corazón siguiendo la historia de la joven ginecóloga, Cornelia; su vocación era traer vidas al mundo, no entubarlas para que respiraran unos días más en un intento desesperado por vencer a un virus; y al final ella misma acaba sucumbiendo al fatal coronavirus.


Caben también los recuerdos. Así el relato “Puras” donde dos chilenas, madre e hija, recorren las tierras de Burgos que vieron nacer a la abuela, y lo hacen en un coche color pistacho al que acaban bautizando con el nombre del abuelo Román.


Aparece en el libro el amor virtual; en cuento el que titula “Similar” donde Delia acaba añorando más su soledad cuando conoce, en el mundo real, a Edward, el personaje virtual que le había enamorado por internet; o en “Yo no soy esa” en el que Francisco cree hallar en un chat a quien le diera el primer beso hace tantos años.


Los celos en el titulado “Cielo Bonito” donde es el “nosotros” de quien la protagonista se encela.


La magia, en el titulado “Nariz” donde un curioso personaje acabe volando hacia el interior de El Jardín de las Delicias de El Bosco, en el Museo del Prado…


La lectura de estos cuentos, o relatos o vivencias, nos permiten adentrarnos en el imaginario de esta escritora chilena que las ha transcrito dando rienda suelta a esa poderosa pulsión de los seres humanos que es la de contar historias.


Yo les invito esta tarde a que tomen el libro en sus manos. A que paseen por sus páginas y se deleiten con cada una de las historias que Ana Durruty nos propone. No se arrepentirán.


Presentación en Madrid


Este es el texto con que el escritor español  Rogelio Sánchez Molero presentó "Antipódica" en la actividad con que se inauguró este espacio para la cultura en la Cámara Hispano Chilena de Cultura de Madrid, España junto a Amely Duvauchelle, poeta y vocal de cultura de la Cámara, gracias a la invitación de Ramón Sánchez y a la acogida del presidente de la misma institución, Danilo Aravena.

Más detalles de la actividad en el siguiente link en LinkedIn:


martes, 6 de junio de 2023

Cuentos de Antipódica liberados


                                                                        

                                                                                                            English version


IMAGINARIA

Una mujer imaginaria, en un territorio imaginario de Ultramar, observa sus uñas rojas posarse en un computador personal imaginario. Cada tecla es una vértebra en el relieve de la espalda de su amante imaginario, autor de un ensayo que explora la autoconciencia de su yo imaginario, y que solo es un personaje de una escritora sudaca que crea un relato de destino improbable en la enciclopedia universal imaginada por Alejandro Magno en Egipto y que desaparece de la historia en el preciso momento que se quema la Biblioteca de Alejandría.

No hay autor. No hay ensayo. No hay escritora. No hay microcuento. Hay una calle vacía en Manzanares el Real muy parecida a la de un villorrio chileno. Ambos pueblos se rozan eróticamente en un vértice espacio temporal mientras el Universo no cesa de expandirse hasta que nada ni nadie recuerde ni a Alejandro, su plato de lentejas y su biblioteca bajo las llamas del olvido imaginario.

La sacerdotisa dueña de magia ancestral necesaria para la cópula de los territorios separados por diez mil quinientos diecisiete kilómetros cabecea tironeada por el cansancio y el sueño. Entonces esa mujer imaginaria deja de teclear durante unos breves segundos que nada importan en el planeta imaginario, pero el hombre recostado en la poltrona de su terraza imaginaria despierta sobresaltado de una pesadilla de mil puertas en ninguna de las cuales encuentra a la mujer de sus sueños. La lluvia cae dulce después de la tormenta sobre la Sierra de Madrid. Cuando el hombre imaginario intenta volver a conciliar el sueño, la chilena vuelve a posar sus dedos de uñas largas sobre las letras. Él siente el ritmo de su caricia y cae rendido. La Tierra continúa su viaje por el espacio a la astronómica velocidad de dos millones de kilómetros por hora arrastrada por su destino ineludible.


NARIZ

                                        

El abrigo de cachemira rosa atraía todas las miradas a la entrada del Museo, pero él no actuaba como si fuera el objeto de tanta admiración, curiosidad o simple atracción visual en ese entorno gris y ligeramente oscuro.

Delgado de delgadez a poco de ser enfermiza, los huesos marcaban de modo magnífico la estructura del hermoso tapado que lo cubría desde el cuello hasta los pies dejando ver apenas la punta de las botas de cuero negro y tacón cuadrado.

Tenía un gesto en la boca que revelaba la búsqueda que hacía también con la mirada rebotando por los grupos de personas que comenzaban a copar el espacio del hall de acceso del majestuoso edificio. La luz de la mañana apenas lograba penetrar los enormes arcos antes de perderse en salones solemnes llenos de tanta historia que, si ésta tuviera peso, se hundirían hasta el centro líquido de la Tierra.

Su piel era tan pálida que capturaba el reflejo rosa del abrigo y lo hacía aún más atractivo para los curiosos que lo observaban con disimulo o descaradamente. La total prescindencia del hombre del abrigo rosa alimentó la osadía de los turistas y locales que esa mañana de marzo habían llegado hasta el centro de la ciudad para visitar el famoso edificio y conocer sus valiosas colecciones.

El hombre joven no se percató de la creciente cercanía de las personas vestidas de gris, negro o gris marengo.               

En medio del arremolinamiento, el abrigo rosa palpitaba como el gran pistilo de una flor carnívora de pálidos pétalos temblorosos. Grisáceos y frágiles pétalos humanos.

El silencio se había hecho poderoso en el salón.

Repentinamente un rayo luminoso rompió el ángulo de una ventana que miraba al oriente y atravesó también en completo silencio el salón de acceso  hasta iluminar el rostro del hombre del abrigo rosa.

La flor dejó de palpitar y un suspiro retenido sonó más fuerte de lo que era posible imaginar.

El promontorio de la nariz ocupaba la mayor superficie de la cara y su sola visión hizo retroceder raudos a los indeseados espectadores. Sorprendidos ante este nuevo elemento del espectáculo comenzaron a cuchichear entre ellos. Conocidos y desconocidos sintieron que tenían algún tipo de licencia para hacer de las facciones del joven de rosa un motivo de juicio o análisis.

Aburrido sobremanera, el centro del espectáculo, abrió los brazos y al extender el magnifico tapado se elevó sobre las cabezas homínidas, revoloteó apenas unos segundos y enrumbó hacia El Jardín de las Delicias donde encontró su ubicación perfecta en la famosa obra de El Bosco. 


POR UNA CABEZA

A los quince años me pasó por una cabeza. Antes de trescientos sesenta y cinco días era obvio que me sacaría dos cabezas de ventajas. Y no es que yo fuera un ser humano extremadamente bajo. Tengo una altura bastante promedio, no solo para estándares de mi país, sino que me atrevería a aventurar que a nivel global.

De hecho en muchos ambientes yo era la persona más alta del lugar. 

Aunque finalmente paró de crecer, fue necesario comprar una cama extralarga y modificar la altura de muchos muebles en la cocina y el baño, subir las lámparas para que no se golpeara en la cabeza y requirió horas extras para buscar y, eventualmente, encontrar ropa o calzado adecuado a su talla.

Nunca me inquietó su inserción social, pues parecía siempre feliz y jamás tuvo una anotación negativa en la escuela ni expresó algún reclamo por sufrir bulling ni cualquier tipo de abuso o maltrato.

Me pareció tranquilizador cuando nos presentó a su pareja, una persona de lo más agradable de casi su misma altura. Una noche desvelada por cualquier otra cosa, me asaltó una duda: ¿Dónde había encontrado a su media naranja?

En la universidad todo continuó bastante normal. 

Para su vigésimo primer cumpleaños decidió hacer una celebración en la casa. Distraída en los preparativos solo me percaté de que algo no iba del todo bien cuando llegó el momento de cantar el Feliz Cumpleaños. Con la torta en ambas manos y en puntillas de pie, yo apenas podía sostener la bandeja a una altura apropiada para que quedara a la vista de todos los invitados.

Con mi retoño actuando en la práctica como escudo humano adquirí conciencia de que aquella era una verdadera comunidad de gigantes. Simultáneamente supe que conocía muy poco a mi hijo, que su mundo me resultaba completamente extraño y que los años de silencio solo ocultaban algo que ahora me producía una profunda inquietud.


UN PICAFLOR INQUIETANTE

Aún no era capaz de razonar cuando siendo una criatura comprendí la magia detrás de los picaflores. La velocidad del aleteo, lo diminuto del cuerpo, los colores tornasolados y el apenas perceptible zumbido se me revelaron por mera ciencia infusa como un verdadero milagro de belleza aerodinámica de la naturaleza.

Largas tardes de primavera pasaron por mi vida mientras permanecía absorto contemplando a las pequeñas aves que llegaban a la galería de la casa de mi familia en la rivera sur del río Limarí. Justo antes de que la temperatura resultara poco agradable llegaban los últimos colibríes a decirme buenas noches mientras libaban el néctar de los hibiscos blancos.

Décadas más tarde cuando tuve que plantar el jardín de mi primera casa en las afueras de la ciudad, puse una amplia variedad de especies para atraer a los picaflores. Verbenas, lavandas, malvarrosas, madreselvas, begonias y geranios cubrían todo el frente del ventanal de mi habitación. Despertaba medio embriagado por los aromas al amanecer y me consolaba del tedio de la jornada laboral cada tarde contemplando a mis amigos plumíferos.

Un día en que el atardecer fue particularmente hermoso y la temperatura era perfecta, la realidad sufrió una leve alteración. Entonces, fue él quien comenzó a observarme a mi. Me tomó algunos minutos darme cuenta que las reglas del juego habían cambiado, pero pronto me adapté a la nueva situación. Él cambiaba de posición constantemente así que a veces parecía distraído. Pero no. Sólo estaba completando la imagen cerebral en la que yo era un ser caleidoscópico. Un feo animal atado a un silla detrás de un cristal de regular calidad. Un bípedo casi incoloro, con dientes que le impedían disfrutar de las delicias de las flores. Un torpe mamífero incapaz de volar. Dentro de su pequeño craneo el instinto de sobrevivencia lo tranquilizó pues este humano no representaba peligro alguno para su vida. Me miró directo a los ojos para leer mi propia mente y sintió la nausea de mis miedos y ansiedades. Cuando finalmente pude sostener su mirada leí con todas sus letras lo mucho me despreciaba. 


De "Antipódica". Estos cuentos fueron traducidos al inglés para la presentación realizada en la Embajada de Chile en Londres, el 30 de Mayo de 2023.


ENGLISH VERSION:https://anadurruty.blogspot.com/p/short-stories.html




viernes, 24 de febrero de 2023

Postales Emocionales

 



"La lectura del libro Antipódica de Ana Durruty es un viaje por textos que resultan ser vívidos y visuales, generando incluso lo que la autora denomina como 'postales emocionales' para hacer alusión a un cierto tipo de texto que evoca emociones que casi se pueden palpar a través de la lectura", afirma el gestor cultural, profesor Carlos Contreras. Precisa que "la diversidad de lugares y sensaciones que ofrece Antipódica es, sin duda una experiencia de placer estético-literario imperdible".

Carlos Contreras fue el presentador de "Antipódica" en el evento realizado el 16 de febrero de 2023 en la Biblioteca Regional Gabriela Mistral de la Serena.

El acto contó con un público muy compenetrado y cálido que junto al excelente trabajo del presentador, generaron un ambiente perfecto. En ese contexto, encontré lo que considero una definición muy acertada de mis relatos breves: "postales emocionales".

Esta expresión hace alusión al hecho de que mis cuentos breves son composiciones de texto que apelan a los sentidos, que de cierto modo se pueden palpar (como señala el profesor Contreras), escuchar o saborear, y generan sensaciones emocionales de diverso tipo.

También realicé una lectura de uno de los cuentos de Antipódica, "El camino de la seda", cuyo inicio rescaté en el video que subí a YouTube aunque usando de base otro registro realizado durante la actividad.

En el siguiente link puedes verlo: LECTURA CUENTO (Subtitles in English)


sábado, 11 de febrero de 2023

Escritura y Terruño


El proceso creativo y la experiencia personal, desde el vínculo con mi ciudad natal (Ovalle, Chile) y los desafíos sicológicos que encierra la escritura creativa.

Resumen de la presentación del libro de relatos breves Antipódica, junto a la autora de la Saga Elementales, Nathalie Alvarez en la Feria del Libro de Ovalle, el 9 de febrero de 2023.

La actividad estuvo en el marco de la jornada inaugural de la 23 tradicional Feria del Libro ovallina, y contó con la participación del director del Museo del Limarí, la directora de la Biblioteca Víctor Domingo Silva, y escritores locales como Mario Banic, Sandra Castillo y la poetiza Irina Paz Irarrázaval, entre un público que realizó entusiastas preguntas.

En el siguiente link puedes ver el video, que también tiene subtítulos en inglés:

lunes, 30 de enero de 2023

Presentación Antipódica On Line


Transmisión online: Presentación Antipódica



Junto a dos mujeres vinculadas de diferente manera al mundo de la literatura, nos reunimos vía Instagram el 13 de diciembre de 2022 para realizar la presentación online de mi nueva obra: Antipódica.

Antipódica es un libro que presenta 45 relatos breves, llenos de la magia propia de mi imaginario. Los cuentos transcurren en diferentes partes del mundo incluido Gran Bretaña, España y, por supuesto, Ovalle, Chile, y abordan el amor y el desamor en tiempos de pandemia y Tinder, entre otros sorprendentes temas.

Los relatos están escritos con la perspectiva de las antípodas... desde las extremas lejanías geográficas del planeta y desde más allá de los límites de las misteriosas y muchas veces inquietantes profundidades de la mente.

El libro está dedicado a las víctimas del Covid-19, que cambió la vida de todos los seres humanos en los albores del siglo 21, de múltiples, innumerables e inesperadas maneras.

Claudia Yagnam, es la artista chilena autora de “Burka”, la obra que ilustra magníficamente la portada de este libro. La obra ganó en 2022 un importante premio nacional de mujeres pintoras chilenas.

La presentación de Antipódica  el 13 de diciembre fue hecha desde Barcelona y me reuní online con la poetiza Amely Duvachelle y la bookstagramer @letrasenlacama / @yaribooks_ig

El libro será presentado presencialmente en la jornada inaugural de la Feria del Libro de Ovalle el 9 de febrero y en la Biblioteca Gabriela Mistral de La Serena el 16 de febrero.

La lectura bilingüe en Londres será el 15 de marzo a las 6 pm. El lugar está por definirse.

Próximas presentaciones en Santiago de Chile, Buenos Aires y España. 

Presentación Antipódica

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martes, 18 de octubre de 2022

El Viaje Liberador de Diva la Bella - Viena a Nueva York



Todos los días las hormigas cabezonas cumplen su estricta rutina austriaca. Ellas han cumplido su misión generación tras generación en la hermosa Viena y pasean por la ciudad con mucho orgullo sus grandes cabezas adornadas con pequeñas coronas de oro.


Ellas marchan ordenadas y pacíficas en busca de deliciosos pasteles y sabrosos bocadillos de comida. Todo debe estar en orden antes de la llegada del duro invierno, de los días cortos y la nieve peligrosa.


Todas las hormigas cabezonas de Viena parecen muy ajetreadas esas doradas jornadas otoñales. Todas… menos una de ellas.


Diva la Bella tiene ojos soñadores y a veces pierde el ritmo de la marcha cuando mira distraída las aguas del río Danubio que atraviesa plácido la antigua ciudad imperial.


Un día, finalmente Diva decide abandonar la marcha y, en cambio, toma rumbo al río. Se detiene, entonces, en la orilla a observar con más detención el ir y venir de los barcos llenos de turistas que hablan lenguas ininteligibles en voz alta y aguda.


-¿Adónde irán? -se pregunta la joven hormiga mientras acomodaba la pequeña corona brillante sobre su enorme cabeza. Y comienza a soñar despierta imaginando otros mundos, lejanos y diferentes. Un leve sobresalto anida en su pecho y siente el llamado de la aventura y lo desconocido.


Desde aquel día Diva la Bella se siente inquieta y a veces despierta en las noches imaginando llanuras verdes, cielos cristalinos y árboles frondosos y aromáticos. Una voz crece día tras día en su corazón y la anima a seguir sus sueños. Otra voz, cada día más pequeña le advierte el peligro de abandonar los territorios conocidos desde tiempos ancestrales por las hormigas cabezonas. 


Una mañana ya en las proximidades del invierno, cuando la voz de la comodidad de lo conocido casi ha desaparecido en sus oídos y su mente, Diva comprende que no puede seguir esperando más. Que debe tomar la decisión ahora, o después sería demasiado tarde. Revisa aquellas cosas que podría arrastrar para su viaje, pero decide ir sin peso alguno extra. Libre y liviana como el aire. Sale tranquila y decidida en dirección a los puertos de embarque y apenas ve una gran caja llena de frutas, trepa y se acomoda lo mejor posible entre manzanas, peras y naranjas.


A mediodía despierta con el sonido de los motores y el olor de la fruta fresca. Camina un poco somnolienta después de la siesta y se sienta sobre un grueso cordel. Sus piececitos cuelgan balanceándose en el aire mientras el barco zarpa y comienza a avanzar por el Danubio. El atardecer pinta de suaves colores tostados el perfil de los edificios centenarios de Viena. Diva se siente inquieta, un poco ansiosa pero también ilusionada mientras se aleja de todo su mundo conocido.


Antes de ir a dormir la hormiga cabezona alcanza a ver las luces de la noche de Bratislava, la discreta y hermosa capital de Eslovaquia que reposa sobre las riberas del Danubio. A la mañana siguiente muy temprano escucha el aullido de la bocina del barco y sorprendida ve asomarse otra gran ciudad.


Budapest es magnífica en su despliegue a ambos lados del río. Fue capital imperial al igual que Viena y su majestuosidad honra a los húngaros. Diva observa sorprendida la belleza de la ciudad más importante de Hungría. Pronto disfruta mientras la luz de la media mañana rebota en el agua calma y pinta de amarillo pálido las fachadas de los edificios.


Diva la Bella se siente más segura de su decisión cada día. El mundo parece maravilloso y ella recibe cada nueva experiencia con alegría. Se pregunta qué habrá más allá y a veces, solo a veces, recuerda con nostalgia a la ahora tan lejana Viena.


Un día el cielo desata su furia y el barco debe combatir las olas y el viento enfurecidos. Diva no se atreve a salir de la caja de fruta y aunque tiene hambre tampoco come ese día porque está totalmente enferma por el movimiento y la angustia que le cierra el estómago.


Cuando la tormenta finalmente pasa la hormiga cabezona sale nuevamente a observar el paisaje, pero entonces descubre que no hay tierra cerca del barco y que la inmensidad del gran océano se extiende por todo el horizonte. Diva abre su corazón a nuevas emociones. Durante muchos días al despertar contempla al mar majestuoso sin orillas.


Con el paso de los días, la fruta comienza a escasear e incluso algunas peras están podridas y hediondas. Las jornadas son muy frías en la cubierta del barco. Pocos minutos después de sentarse a observar las gaviotas chillonas o las nubes rosa que reposan donde el cielo y el mar se unen en la distancia, los tiritones la impulsan a volver medio helada a su refugio, ahora maloliente. Diva pasa de la felicidad de tener una nueva experiencia, a la inquietud de lo desconocido y ahora palpita en su pecho un cierto temor que nunca antes sintió ante la posibilidad de no tener suficientes alimentos para sobrevivir. 


Mirando el mar con desesperanza, Diva pierde la cuenta de los días; pero una tarde observa unos hermosos delfines saltando alrededor del barco y su corazón siente  alivio. Intuye que algo nuevo y bueno va a suceder. ¡Y pronto!


Tras una noche serena, despierta con el ajetreo de los pasajeros excitados por la cercanía de un puerto en el horizonte. Diva la Bella se mira coqueta en el reflejo de una gota de agua de mar antes de salir a cubierta. Tras comprobar que su corona está bien puesta y sus antenas relucen, se encamina al lugar al que todos se dirigen en medio del alboroto.


Una línea de altos edificios dibuja el contorno de una ciudad magnífica. La hormiga abre sorprendida sus ojos. Es un paisaje bellísimo y vale toda la ansiedad que ha sufrido en el largo viaje. La luz del amanecer proyecta haces luminosos, sutilmente anaranjados, sobre las calles. Las avenidas aun grises están apenas delineadas por el perfil de las construcciones y la frecuencia de los faros rojos y blancos de los automóviles. Una magnifica estatua, con una antorcha en el brazo en alto les da la bienvenida a Nueva York. 



Diva la Bella siente como el éxtasis del triunfo de la esperanza sobre el miedo y la duda, recorre su menudo cuerpo de hormiga cabezona. Aunque la gran ciudad no se asimila a los paisajes de sus sueños, antes sus ojos parece incluso mejor. Ella, ha roto las cadenas de la conformidad que la ataban a Viena y ahora recibe el premio mayor en el juego de la vida: la felicidad que produce la libertad de ser capaces de recorrer nuestros propios caminos y tener nuestras propias victorias.



Cuentos para niñas y niños



Este cuento, como otros cuentos infantiles que he escrito, están inspirados en las noches que he compartido con mis nietos al momento de hacerlos dormir. Todo niño merece recibir esta cariñosa atención. Espero que muchas madres, padres, abuelas y abuelos, e incluso bisabuelos, puedan leer este cuento a sus nietas y nietos. Y que este cuento inspire a los pequeños a atreverse en la vida a salir de sus zonas de confort y luchar por sus sueños. Y eventualmente, también inspire a madres y mujeres que leen este relato a esos pequeños...