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domingo, 21 de agosto de 2016

Horrísono



"Sobrivivir", obra de la artista Julie García inspirada en el cuento "Horrísono"

Si puedes estar lejos, muy lejos, y no ver a la persona que amas durante mucho tiempo, por ejemplo seis semanas, llegas pronto a la conclusión que, de la misma manera, podrías no ver nunca más a esa persona y sobrevivir.

Sobrevivir, como has sobrevivido tantos años. Quizás serías menos feliz, pero se puede vivir sin ser demasiado feliz. Sobre todo si eres capaz de disfrutar de cosas que a otros casi ni importan.

Más aún considerando que el hombre con el que soñaste,no siempre es el hombre que realmente necesitas.

El tiempo y la distancia labran rutas ignotas en el corazón. Como pequeños parásitos que roen las emociones, carcomiendo el pensamiento y la esperanza.

Y aunque no podías desentenderte del frío, contemplaste los esfuerzos de la primavera por hinchar las yemas de las hojas de los árboles y percibiste en tu alma una brizna de alegría.

(De "Cinica", obra de Ana V. Durruty)

domingo, 17 de julio de 2016

Crossroad


Nada es como ayer. En el futuro, nada será como hoy. Cruzó la calle sin saludar a nadie, extraña en su propio país. Compró azúcar morena en el almacén de la esquina y continuó caminando como si todo siguiera igual.

"Crossroad" de la serie "Filtros". Ana V. Durruty
A veces la vida es un cruce de caminos y, a continuación, cada cual sigue su ruta. Calama es un pueblo minero, con su carga de soledad y erotismo, y al caminar por las calles polvorientas, algo irreal parece hacer temblar el aire caliente del desierto. La piel morena de los transeúntes locales, provenientes de Bolivia o el extremo norte de Chile, contrasta con el rubicundo matiz de la tez de los extranjeros, turistas y empleados de las mineras que vienen del otro lado del mundo.

El sonido del llamado del teléfono celular sacó a la joven mujer rubia de su ensimismamiento y el tiempo se detiene por varios minutos.


Ya había pasado el interfaz del día a la noche, con calma y rapidez al mismo tiempo. En las alturas cordilleranas de Los Andes minerales, el frío araña como un gato mojado, y respirar se torna repentinamente un acto consciente y desagradable. Algo salobre y seco parece recorrer los pensamientos. Eso maligno y antinatural que inquieta al animal que cada hombre lleva adentro.

Veinticuatro horas más tarde, el teléfono volvió a sonar. La mujer leyó la pantalla digital y presionó la tecla roja que impedía la comunicación. No era el momento adecuado para escuchar esa voz a mil quinientos kilómetros de distancia. Ni siquiera sabía si algún día sería apropiado responder a esa llamada. Compró té negro en el almacén de la esquina y caminó con parsimonia los pasos que le faltaban para llegar a la pensión, esquivando con cuidado las líneas que dividían los paños de cemento de la acera.

Ni un árbol, ni una sombra, ni una sonrisa. Vivir en el desierto es un riesgo constante, y el peligro mayor es esa certeza diaria de que no hay nada entre el Cielo y la Tierra que proteja de las verdades individuales. En la soledad, el alma queda expuesta a su propio reflejo en la inmensidad de la nada.

Tres meses después, noventa llamadas de teléfono celular sin contestar acompañaban a la mujer esa tarde de diciembre, mientras caminaba por la losa del aeropuerto de la capital del cobre mundial. Miró hacia adelante, y sus ojos amarillos brillaron como la luz de la arena que se perdía en el desierto más árido del planeta. No había caminos en el horizonte, sólo la pista de aterrizaje y después, el infinito azul.

(Del libro "Cínica", obra de Ana V. Durruty

sábado, 2 de julio de 2016

5 000 Visitas



Para celebrar y agradecer las más de cinco mil visitas al blog en tres semanas desde que fue creado, he recogido algunos comentarios de personas que no pudieron hacerlos directamente en www.anadurruty.blogspot.com pero que sí me los enviaron a través de Facebook o Twitter. No están todos, pues no siempre alcanzo a registrar; pero son una buena muestra de la recepción de los cuentos y poemas que he publicado. Siendo escritora, es difícil reconocer que no hay muchas palabras que me permitan explicar cuánto me reconforta que me hagan llegar las impresiones que les genera lo que escribo, pues si algún sentido tiene el arte es ese: provocar emociones en quienes entran en contacto con él, y para una artista esa es la mayor recompensa.

“Qué buen blog, lo revisé y me encanta…. Mucho éxito”. (Jean Luis Dufourcq del Canto, en Facebook, 22 de junio de 2016)

“Me gusta tu blog, te robé algo para publicar en Facebook ya que me gustaron tus escritos. Debes seguir así, se nota que eres mujer de talento (…) Nunca copies, crea”. (@@moska43RG, Rafael Glez.Mosquera en Twitter)

 “¡Mucho éxito en tus proyectos! Tienes una visión muy particular”. (@cwbarraza, Cristián Barraza en Twitter)

“Simplemente hermoso, pero igual me dio penita como en el otro cuento. Felicitaciones… Por al leer sentir lo que quiere mostrar”. ( Nevenka Teresa Godoy Rivera, en Facebook)

“Está muy padre”. (@ardzelllCesar, César Guzmán, en Twitter)

“¡Te felicito por tu éxito entre los aficionados a la buena lectura a nivel internacional! ¡Eres nuestra escritora chilena de los tiempos modernos”. (Marcelo H. Cornejo Salas en Facebook)

“Belli! Anche se non sono il mio genere, mi piaccono molto, sopratttutto “La mujer del sombrero negro” E’ vagamente nostálgico a votre crudo e cinico, ma comunque coinvolgente. La scrittura e scorrevole e piacevole.(…) Complimenti! (@helmvergara1, Helen Vergara, en Twitter)

 “Es una hermosa narrativa, en simples estrofas haces imaginar tan nítidamente a los personajes de este cuento. Sinceramente tienes un increíble talento de transportar al lector dentro del cuento mismo. Te felicito, eres una increíble escritora”. (Palominos Leonard, en Facebook)

“¡Me encantó tu blog, voy a regresar de nuevo a leerlo!” (@TATU_TATA_TATU, Tatiana Rojas, en Twitter)

“Tienes la capacidad de hacer que el lector entre en el relato, para mi en especial en este último (Flor muda), ya que esos atardeceres rosados de nuestro Norte Chico me encantan”. (Sofía Corral en Facebook)

 “Durruty Al extremo, pero con la justa conexión entre poesía y cuento. En verdad muy bueno, te felicito. Muchas palabras tocaron mi alma. Gracias”. (@GabyChavero2, Gaby Chavero en Twitter)

“Como todos los cuentos de “Cínica”, tan actuales, súper bien escritos, que uno se va rápidamente haciendo parte…” (Sandra Castillo en Facebook)

“Me gustó”, (Sergio Martín Cordero, en Facebook). “Me gusta”, (@viviriosruiz en Twitter). "¡Felicitaciones!", (El_Archiduque Christián Salazar en Twitter)

“Me encanta tu poesía, Ana talentosa eres”. @magnifico_el el magnifico lord en Twitter)

“Es el relato de caminos adquiridos… seguiré leyendo”. (@uf80 en Twitter)

“Bonito blog… sombrero negro… una ruleta de amor… ¿acaso un final malo por ser negro? (@kmiguelm, Miguel M en Twitter)

 “Encuentro bueno tu trabajo, siempre se puede mejorar, sigue adelante”. (@llanero4462 Llanero solitario en Twitter)

“Escribes como piensas sobre la marcha, saliendo reflexiones muy interesantes. Gracias por escribir así tal cual”, (@SmMonterd Santiago en Twitter)

Y para terminar, uno de los primeros comentarios que recibí, pero que apunta a las motivaciones para haber hecho este blog.

Leí la introducción de tu blog (…), entiendo la razón de la aceptación, ya que la redacción es sencilla y emotiva. En este nuevo emprendimiento no me resta más que desearte éxitos, ya que un individuo que está logrando su sueño no lo concibo más feliz, sigue adelante”. (@MaMaCaty3, Catita en Twitter)


Nuevamente, muchas gracias a todos, ojalá los próximos comentarios se animen a hacerlos en el blog mismo y ¡seguimos en contacto! 

lunes, 27 de junio de 2016

Terciopelo negro

Despertó de la siesta y se quedó reposando entre los almohadones y el aroma a “Shalimar” de Guerlain. Permitió a sus dedos jugar un rato a ensortijar el cabello negro y sedoso que se desparramaba abundante sobre el lino. Los vestidos colgados en la perchas de madera del vestidor del hotel calzaban perfecto a un cuerpo bien tratado por los años. El suyo. Patricia administraba la tranquilidad de saber que cada uno de ellos estaba hecho a medida. La suya. Y que con los accesorios adecuados se vería radiante. La mujer perfecta, en el lugar ideal.

"Shalimar". Fotografía de Ana V. Durruty
Pero, entresueños, las imágenes lejanas llegaban en oleadas calmas, al ritmo del sonido del mar que removía extrañamente inquieto la arena de la tan mentada Costa Azul. En realidad, por la altura del Torre Odeón, no debería escuchar el ruido aquel que más se parecía al murmullo nervioso del Océano Pacífico frente al casino de Coquimbo. Fue allí, en el Sur del Mundo, una noche casi de madrugada cuando al salir después de haber perdido unos pocos pesos, se encontró de sopetón con Anwar Al Kaddim. La cosa más extraña del mundo, como si un universo paralelo hubiera atravesado el suyo de café de pueblo con amigas, juegos de cartas de domingo con la ex suegra, trabajo de rutina en una oficina del servicio público y pijama de plush holgado con dibujos de cartoons infantiles.

Una década más tarde el velo de las horas y los días ha cubierto ese pasado y lo ha tornado ajeno, lejano y extraño. Una película de otra vida. De la vida feliz de una mujer que Patricia ya no reconoce.

¡Quién te vio y quién te ve!

Miró hacia atrás, y alcanzó a vislumbrar un poco más allá del horizonte de sus hombros desnudos, el perfil del Bentley negro estacionado con las llaves puestas en la tradicional plaza de Mónaco. Sonrió sin que sus labios alcanzaran a reflejar el gesto y giró suavemente para que el marroquí que la esperaba en las primeras gradas del acceso del casino de Monte Carlo tuviera tiempo para contemplar su belleza latina de mujer bordeando los cuarenta años. Sin afectación, pero sin tregua, estiró su cuello y las luces del atardecer se reflejaron golosas en los largos aros de perlas y brillantes. Luego, avanzó hacia Anwar con el donaire de una princesa renacentista. Sin pasado. Sin futuro. Inmortalizada en un momento perfecto.


(De "Cínica". autora: Ana V. Durruty)

sábado, 25 de junio de 2016

Zurdo

A Samuel del Villar, sin casa, sin cama, la edad se le vino encima, sin tranvía ni vino tinto, al tiempo que le tomaba más afición de la que nunca antes le tuvo a su gran danés, el “Don”. Así que esa madrugada húmeda de otoño, el perro era su único compañero y merodeaba intranquilo, con el paso incierto.

A su primera mujer la amenazó, pero jamás la habría matado. A la segunda, bueno, a esa pudo estrangularla a sangre fría si no hubiera desaparecido por propia decisión un día cualquiera, ya olvidado. Pero, a esta, la tercera, la iba a matar la mañana del día anterior, como a un conejo que medraba en su papal. Los domingos no hay nadie en la hacienda y Samuel del Villar disfruta, desde hace ya veinte años, de una apacible soledad que lo reconforta de tantos sinsabores de la vida que ha elegido vivir.

De un domingo para otro, sin advertencia previa, la mujer se fue quedando, quedando y no se marchó más. Antes de que pasara mucho tiempo, Samuel del Villar, comenzó a salir de su propia casa los domingos muy de madrugada, un pretexto por aquí, otro por allá, en tanto la mujer seguía en brazos de Morfeo hasta que le daba la gana.

Foto: Ana V. Durruty en www.limarisecreto.blogspot.com

Samuel del Villar era un hombre todavía joven, pero con harto recorrido desde muy temprana edad. Si la salud lo acompaña y el Diablo se hace el leso, le queda por lo menos un cuarto de siglo de vida por delante y pensaba aprovecharla a su medida, no a la de la mujer que se había instalado en su vida, con sus petacas y sin que nadie la invitara.

Un mechón del pelo le caía sobre la frente y unas gotas frías resbalaban por su mentón cuando hizo girar la llave de la puerta de entrada de la casa. Avanzó con esos trancos largos que le daba el porte, hasta la cocina, abrió la puerta de la alacena y la volvió a cerrar. Algo atrajo su mirada en la ventana y no se sorprendió al comprobar que las cortinas de cuadros amarillos que lo acompañaron durante largo tiempo, habían sido cambiadas por unas nuevas, coquetas y floreadas. Samuel del  Villar puso ambas manos sobre su cara y las dejó allí mientras pensaba.

La mato ahora o ella me mata, pensó con lógica de animal acorralado en su propia madriguera. Unos pasos más y se encontró de sopetón con unas fotos, en sus respectivos marcos, colgando en el pasillo de acceso a los dormitorios. Mal gusto no tiene, reconoció a contra pelo, aunque si hubiera dependido de él, Samuel del Villar jamás tendría retratos en los muros de su casa. Cuando, por fin, entró a su dormitorio el asunto tomó el cariz de un mal sueño. Ella estaba allí, durmiendo desnuda y plácida, con una aureola amarilla sobre su cabeza, dibujada por el pelo dorado desparramado en la almohada.

Samuel del Villar, miró de nuevo, esta vez de reojo, se sacó la ropa mojada y, con sumo cuidado, se introdujo en la cama, esperó a que el cuerpo se le entibiara un poco, hasta que se atrevió a deslizar su mano izquierda para posarla en la nalga de la mujer. Manuela giró suavemente y posó su mano donde a él más le gustaba. Samuel del Villar, sólo alcanzó a pensar: Ella me mata.

(De "Cínica", Autora: Ana V. Durruty)

 

jueves, 23 de junio de 2016

Té con bergamota

El Ritz de Madrid es el lugar perfecto para disfrutar un té el domingo por la tarde, justo antes de tomar la decisión de recorrer la última exposición del Museo de El Prado. O justo antes de la misa en San Jerónimo. Unos pasos más acá. Unos pasos más allá. Res Mirabilis. Cosa admirable.

Jacinta Mondragón y Sousa de origen portugués -aunque nacida en Brasil- observa con atención el par de sandalias Manolo Blahnik color turquesa expuesto en una hornacina al costado del hall del hotel. Le parece que combinarían en armonía celestial con el traje marfil que lleva puesto esta mañana fresca y dulce. Ella piensa en asuntos relevantes para su desempeño laboral. Mira un par de madrileñas que ingresan con actitud de castellanas viejas, de apellidos largos y rancio abolengo, vestidas con trajes de Valentino. Luego mira a su madre. Hermosa. Sin duda es su progenitora. La vuelve a mirar, ahora con un resto de condescendencia filial. Pese al esfuerzo realizado, se nota su pobreza relativa y parece ligeramente fuera de lugar. Existe una lógica que indica que las modelos profesionales no andan por la vida acompañadas por sus madres de origen social sospechoso, provenientes de países ubicados al sur de la Línea del Ecuador.

"Té con bergamota", técnica mixta de Santiago Silva Durruty (100 x 100 cms.)


Jacinta Mondragón y Sousa es apenas una niña y sabe que estos son sus últimos pasos antes del estrellato. Mira nuevamente a su madre y recuerda su Sao Paulo natal, la cadencia de la música, la ausencia de su padre, y la atrapa un impredecible saudade. Un bien que se padece y un mal que se gusta, como lo describiera en el siglo XVII el lusitano Manuel de Melo, Bem que se padeçe y mal de que se gosta, de sabor tibio que se va adhiriendo a la piel y aroma a samba.

Jacinta Mondragón y Sousa mira a su madre y se estremece.

Su madre le sonríe con los ojos llenos de dulzura y sube lentamente hasta la altura de la boca, la humeante tasa de porcelana, de té con bergamota.



(De "Cínica", autora: Ana V. Durruty)

martes, 21 de junio de 2016

La Sangre


Un salto en el tiempo. No uno pequeño, de un par de años. Una grieta profunda en la epidermis de la historia, lo instaló como una bella y sospechosa estatua, en el claroscuro del alba que comienza a despuntar. Nunca supo que tuviera sangre hebrea, ni nada permitía predecir que lo que estaba sucediendo le iba a ocurrir, cuando la luz mediterránea iluminaba tenuemente la Tierra Prometida. Nunca leyó el Libro de los Jueces y la tradición familiar más bien señalaba hacia la Iglesia Católica, de larga prosapia y notable fecundidad en el área geográfica de la que procedían sus abuelos, cerca de Biarritz, en el país vasco francés. Un dolor ácido le rozó los sesos cuando le repitieron siete veces su nombre, y tradujo que lo apelaban Samgar, en el idioma de las tribus protagonistas de la Biblia, una lengua que nunca antes siquiera había escuchado y, menos, entendido.

Escultura de Vicente Gajardo
No estaba durmiendo. No estaba despierto. A medida que transcurrían las horas y la batalla amenazaba con la destrucción de parte del pueblo israelita que estaba bajo su mando, su angustia, de hombre occidental de la Edad Contemporánea, cuajó en una intensa pasión asesina. Un anhelo de sangre lo arrebató de sí mismo para impregnarlo de adrenalina depositada en el ADN durante milenios de esfuerzos de sobrevivencia. Supo, sin haberlo sabido nunca antes, que sus vacilaciones estaban condenando a la derrota al pueblo elegido. Inclinó, con pausa pero sin más vacilación, la cabeza hacia su pecho, respiró con la habilidad que proporciona el entrenamiento yogui y mientras guiaba la sangre desde su corazón hacia sus muslos y brazos, eligió mentalmente, las armas para entrar en batalla, las mismas del mítico David.

Samgar comprendió que la victoria lo esperaba apenas cruzara el velo de la tienda de campaña y avanzara entre sus hombres con el pecho al aire, los ojos dibujados con henna y carbón de las fogatas que ya languidecían. La muñeca de su brazo izquierdo se tensó y contrajo los músculos desde la punta de los dedos hasta el nacimiento del cuello, mientras se le erizaba el vello de todo el cuerpo.

Tenía los ojos congestionados y un fino borde rojizo hacía sospechosa su mirada, más aún cuando tras muchas horas con la vista fija en el IPhone, poseía un filtro de suave niebla flotante.

Detuvo sus pasos sólo cuando encontró cinco mariposas azules estacionadas en el aire, como automóviles traslúcidos de espaldas al atardecer. El Parque Nacional ya estaba cerrado y el sol aún brillaba, cuando la camioneta todoterreno se detuvo a un costado del camino de tierra. Dio tres pasos y trepó con el peso de la historia sobre los hombros.

A medida que se alejaban de la zona, comenzó a sospechar, y no tanto tiempo después estaba seguro de que todo había sido un sueño, una noche de demasiado calor en el desierto chileno.

(Del libro "Cínica", Autor: Ana V. Durruty)